«La fundación» de Asimov y su significado sociopolítico

Isaac Asimov fue uno de los más grandes escritores de la ciencia ficción del siglo XX, así como un autor prolífico de obras de historia y divulgación científica. Y tan prolífico: entre 1950 y 1992 (año de su muerte) escribió o editó más de 500 libros (1), lo que arroja una media de 11,9 libros por año. Uno al mes durante 42 años ininterrumpidos.

Su fama de autor inagotable lo alcanzó en vida, y en la introducción del libro «El monstruo subatómico» agradecía cortésmente que los medios se refiriesen a él como un autor prolífico, aunque —con su típico sentido del humor— se preguntaba que cuándo comenzarían a llamarle, simplemente, «autor genial».

Tal vez ésto se debiera a que, para entrar en el Olimpo de la Literatura (o de cualquier otro arte), uno debe de ensalzar el propio arte, agrandarlo y revolucionarlo en su forma. Y, aunque Asimov escribía de forma impecable, en sus textos se percibe que su interés no estaba tanto en la forma de los textos, como en su contenido. A menudo utilizaba la literatura para vehiculizar ideas, como también hiciese Julio Verne en su momento.

Un ejemplo clarísimo lo tenemos con la [primera] trilogía de la Fundación, una obra en la que Asimov realiza un interesantísimo análisis de la evolución de la humanidad. Lo curioso es que utiliza una supuesta visión de la raza humana en un futuro muy lejano, en la que se han colonizado los planetas del Universo y existe un Imperio Galáctico, pero toda la obra podría entenderse como si, en realidad, nos estuviera hablando de nuestro pasado y nuestra evolución sociopolítica hasta el momento actual.

La triología comienza con la siguiente situación: la humanidad ha colonizado gran parte del Universo, y existe un Imperio Galáctico, aparentemente estable. Sin embargo un personaje, Hari Seldon, ha perfeccionado una ciencia híbrida entre matemáticas, análisis histórico y psicología: La psicohistoria. Esta avanzada ciencia sirve para, de algún modo, prever el futuro. No puede adivinar que hará un individuo en concreto, pero sí arrojar ideas muy aproximadas sobre los devenires de la humanidad considerada como masa social.

Y la psicohistoria, con Hari a la cabeza, trae malas noticias: se avecina la caída del Imperio Galáctico, cuyas consecuencias serán un retroceso social a una época de barbarie que durará 30.000 años.

Sin embargo también propone una alternativa. Crear una Fundación en un planeta alejado, donde un grupo de científicos se dedique durante los próximos años a recoger todos los conocimientos alcanzados hasta la fecha, y escribir así una Enciclopedia Galáctica. La caída del imperio es inevitable pero, gracias a la creación de la Enciclopedia, el periodo de barbarie podría reducirse a sólo 1000 años.

La violencia es el último recurso del incompetente. Fundación, Isaac Asimov.

La [primera] trilogía de la Fundación recorre una parte de esos mil años. Los años pasan a gran velocidad a través de las páginas, y los personajes van apareciendo y desapareciendo conforme lo hacen sus respectivas generaciones.

La Fundación está asentada en un planeta alejado llamado Terminus, con escasos recursos naturales, y con la llegada de la barbarie se pierde el orden en la galaxia, y comienzan a aparecer planetas gobernados «feudalmente».

Y aquí es cuando se pone interesante la obra, ya que a través de esta narración ficticia situada en el futuro, Asimov nos describe —de hecho— el pasado.

La Fundación, que no tiene recursos naturales pero sí conocimientos, tendrá que defenderse en primera instancia de las intenciones hostiles de los planetas vecinos. Y, después, comenzar a conquistar progresivamente los distintos mundo, ampliando cada vez más su radio de poder e influencia.

Para controlar a la población de otros planetas, la Fundación inventa una religión que se expande rápidamente. Gracias a ella podrán manipular a la gente en contra de su propios gobiernos, en caso de que dichos gobiernos se vuelvan hostiles contra la fundación. Resulta extraordinariamente interesante observar todos los usos políticos de la religión a través de la novela. Y uno no puede menos que, de vez en cuando, levantar los ojos de sus páginas y reflexionar sobre las clases de historia en el colegio, analizándolas ahora desde una nueva perspectiva.

Con el paso de los años la religión se vuelve obsoleta como elemento de control político, y aparecen en escena la economía y la tecnología. Gracias a éstas nuevas técnicas la fundación expande todavía más sus tentáculos, vendiendo sus productos al resto de planetas y haciéndolos dependientes de su avanzada tecnología. La religión pierde su papel en favor del dinero. De nuevo aquí podemos volver a ver un análisis no del futuro, sino del pasado (y en parte presente) de la humanidad: desde la Revolución Industrial la religión ha ido perdiendo poder de influencia paulatinamente en favor del mercado y su alianza con los avances tecnológicos.

Durante toda la obra las distintas realidades van siendo puestas en duda y variando. Todas a excepción de las profecías de Hari Seldon y la eficacia de la psicociencia para anticipar el futuro. Sin embargo, en la parte final las profecías comienzan a fallar y asoman dudas sobre si es posible adelantarse a lo que ocurrirá en el futuro. Se abre la duda sobre el impacto que las acciones de un único individuo (cuyas acciones son imposibles de prever por la psicociencia) puede tener sobre el futuro de la masa social (previsible como grupo estadístico).

Una guinda fantástica que invita al lector a plantearse sus propias acciones, y a reflexionar de forma crítica ante las distintas realidades o verdades que le puedan ser vendidas.

¿Cuándo puede saber un hombre que no es un títere? Segunda Fundación, Isaac Asimov.


1 Fuente: Wikipedia

  • Asimov también escribió muchos y muy variados relatos. Uno de ellos, «la última pregunta», me dejó pensativo durante una semana. Puedes leerlo online AQUÍ.

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