5 libros que resetearon mi mente en un mes

De vez en cuando sucede que lees un libro cuyas ideas revolucionan tu forma de pensar y marcan un antes y un después en tus opiniones e incluso en tu posición personal respecto de la vida. Esos libros son acontecimientos extraños, como pequeñas islas que se alzan en la inmensidad del océano, ofreciéndote su momentáneo suelo firme y transportándote a profundas reflexiones.

En el pasado mes de septiembre (y primera semana de octubre) me leí cinco de esos libros de forma consecutiva.

Tras leer el primero me sentí afortunado por haber encontrado una de estas rarezas. Con el tercero pensé que estaba en una buena racha. Para cuando llegué al quinto, no podía dar crédito a mi suerte. Mi mente estaba extasiada y en un estado de hiperactividad reflexiva.

Desde el punto de vista matemático, se podría decir que el acontecimiento de los 5 libros que resetearon mi mente fue un suceso altamente improbable y extraño. Una singularidad. Por otro lado, el Universo lleva en marcha tantos millones de años, que si de vez en cuando no ocurrieran singularidades sería sospechoso, estadísticamente hablando.

El primer libro de esta extraordinaria sucesión literaria fue El extranjero, de Albert Camus. Lo cogí porque era un clásico, porque no era muy largo, y porque además estaba en una estantería de casa.

Me quedé maravillado con una novela que, siendo tan breve, consigue dejar una fortísima impresión tras su lectura. La obra no vende al lector ningún set de creencias precocinadas —como lo puedan hacer la religión, las ideologías políticas, o la moral fácil de la sociedad—, y es por eso que, en caso de que el lector quiera alcanzar alguna conclusión, deberá de pensarla por sí mismo. El libro no ofrece conclusiones explícitas a excepción de la certeza de la muerte.

Continuando con esta línea existencialista comencé inmediatamente después con Niebla, de Miguel de Unamuno.

El estilo del libro es radicalmente distinto al primero, con pensamientos expresados explícitamente a través de cualquier excusa que a Unamuno le pareciese oportuna. A menudo el personaje principal habla con otro, y cuando no hay ningún personaje secundario a mano sobre el que volcar las ideas a través del diálogo, entonces el personaje principal realiza un monólogo con su querido perrito. En este caso las constantes reflexiones son tan exageradas, que acaban por perder su total seriedad y su sentido. En un fantástico episodio final el personaje se encuentra con el propio Unamuno, el autor del libro, en una de las más conocidas escenas de metaficción.

Y aquí es cuando comencé a mostrarme sorprendido, ya que al comienzo del tercer libro me encontré con una nueva escena de metaficción, lo que resultaría muy coherente con lo leído previamente, ¡si no fuese porque se trataba de otro libro! El lobo estepario, de Herman Hesse. Al poco de comenzar la novela, el personaje principal, Harry Haller, se encuentra con un panfleto por la calle en el que se destripa toda la psicología de, precisamente, Harry Haller, el propio personaje.

De los cinco libros, probablemente éste sea mi favorito, ya que en el se combinan reflexiones de enorme valor, con situaciones excepcionalmente creativas (el capítulo final es una delicia absolutamente inesperada).

La idea principal del libro es que cada persona posee miles de personalidades o de almas dentro de sí mismo. A menudo nos formamos una idea de nosotros mismos, una definición, y cuando somos incoherentes con esa definición nos decepcionamos a nosotros mismos. En el caso de Harry Haller, el creía tener dos personalidades dentro de él: el Harry Haller culto y refinado, y el Harry Haller animal, instintivo, visceral: el lobo estepario. Y ambas cualidades estaban en una constante lucha a muerte entre ellas, haciendo de su vida un infierno.

El personaje descubre, sin embargo, que no tiene solamente dos personalidades dentro de él, sino infinitas, y aprende a disfrutar de otras facetas de la vida que anteriormente había rechazado y despreciado. Él, que disfrutaba de la música clásica, la filosofía, y el amor platónico, aprenderá a disfrutar del Jazz o de las relaciones carnales superfluas sin enjuiciarlas. Son, simplemente, otra de las mil caras del diamante que es la vida.

El libro me produjo tal impresión, que al finalizarlo quise leer algo más del autor, y me compré el libro electrónico de Siddhartha en su idioma original, alemán. La narración roza lo poético constantemente, en esta pequeña fábula hindú. Del libro me encantó la hermosa forma de narrar de Herman Hesse.

El personaje principal, Siddhartha, abandona el hogar paterno para lanzarse al mundo junto a un grupo de monjes, que viajan en contemplación, y que viven sin objetos materiales y alimentándose de la generosidad ajena. Uno de los momentos que me resultaron más interesantes es cuando Siddhartha decide que no va a aprender más de los maestros contemplativos, sino que debe de aprender por sí mismo y quiere aprender directamente de la vida. Para ello marcha a una ciudad y tendrá que conseguir un trabajo. Cuando se le pregunta que qué sabe hacer él responde: pensar, ser paciente y hacer ayuno.

Al principio parece que estas cualidades no tengan gran valor, pero lo cierto es que cuando uno está completo por dentro, entonces la vida se convierte en un simple juego: conseguir algunas prendas de ropa, una posición social y algo de dinero.

Finalmente, pensando que había sido afortunado por haberme encontrado con cuatro libros de tal magnitud consecutivamente, pensé que sería absolutamente improbable que la racha continuase con un quinto libro. Así que decidí no leer nada serio ni filosófico, sino una comedia de ciencia ficción: The hitchhike’s guide to the galaxy (la guía del autoestopista galáctico), de Adam Douglas.

El libro me enganchó desde el principio y, como si fuese una adicción, lo leí de un tirón en una tarde y parte de la noche.

El nivel de creatividad constante, párrafo a párrafo, que contiene este libro es absolutamente admirable. Esperaba en todo momento que fuese a bajar el nivel, porque mantenerlo tan alto me parecía difícil.

Merece la pena leer el original en inglés, ya que el autor retuerce el lenguaje y juega con él.

El autor mantiene una ironía constante durante todo el texto, y también aporta su aporte filosófico, lo que no esperaba en un texto cómico.

Existe una super inteligencia artificial (llamada Deep Thinking) a la que se le encarga hallar «la respuesta definitiva» al sentido del del universo, de la vida, y de todo lo demás. En realidad es una famosa pregunta filosófica que a menudo se expresa como: ¿por qué existe algo en lugar de nada? Incluso en la forma en que lo propone se puede ver una pequeña parte de burla (…y de todo lo demás).

Tras 7 millones y medio de años la super inteligencia anuncia que ha hallado la respuesta: 42.

A través del humor Adam Douglas logra mostrar el ridículo de un «sentido de la existencia».

Y así termina mi inesperada serie de 5 libros que lograron resetear mi forma de pensar en poco más de un mes. Sin duda, lecturas absolutamente recomendables para pasar un rato ameno y, al mismo tiempo, tener algo sobre lo que reflexionar.


Pequeño extracto de The Hitchhike’s Guide to the Galaxy:

“O Deep Thought computer,” he said, “the task we have designed you to perform is this. We want you to tell us….” he paused, “The Answer.”
“The Answer?” said Deep Thought. “The Answer to what?”
“Life!” urged Fook.
“The Universe!” said Lunkwill.
“Everything!” they said in chorus.
Deep Thought paused for a moment’s reflection.
“Tricky,” he said finally.
“But can you do it?”
Again, a significant pause.
“Yes,” said Deep Thought, “I can do it.”
“There is an answer?” said Fook with breathless excitement.
“Yes,” said Deep Thought. “Life, the Universe, and Everything. There is an answer. But, I’ll have to think about it.”

Fook glanced impatiently at his watch.
“How long?” he said.
“Seven and a half million years,” said Deep Thought.
Lunkwill and Fook blinked at each other.
“Seven and a half million years…!” they cried in chorus.
“Yes,” declaimed Deep Thought, “I said I’d have to think about it, didn’t I?”

2 Comments

  1. Es una delicia para mi y una generosidad por tu parte compartir lo andado, aunque pensándolo bien es un deber que tienes con la sociedad ya que posees un talento que debes mostrar y hacer que la pirámide siga en movimiento hacia adelante y hacia arriba.
    Gracias.

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