José Escobedo

Te doy la bienvenida a este blog 🙂

Aquí encontrarás información relacionada con la literatura, la maquetación de libros y el uso del software libre, así como algunas recolecciones de pensamientos fugaces y notas de viajes.

Respecto a mí: me llamo José Escobedo Bermúdez, y nací en 1992 en Valencia, España. Me gradué en Pedagogía en 2014 por la Universidad de Valencia, habiendo cursado un año en Salamanca.

Desde el año 2013 coordino un concurso literario de relatos breves, por el momento de ámbito nacional. La idea es la promoción de la cultura y escritura. Cada diciembre realizamos la entrega de premios y la presentación oficial del libro resultante.

concurso-literario

Tras terminar los estudios en la universidad me marché durante un año a Breslavia, Polonia, donde realicé un proyecto intercultural como voluntario europeo.

Una cosa muy curiosa que descubrí en Polonia es que es posible aprender idiomas. Los más de 10 años con el inglés en la escuela me habían convencido de que hablar otro idioma era un muro infranqueable. Cuando llegué allí no podía comunicarme con nadie, lo cual es bastante fastidiado en las sociedades humanas. A los tres meses dejé de pasar hambre. A los seis era capaz de leer libros con cierta diligencia, e incluso disfrutar de la voz original de Anthony Hopkins.

Con este desengaño en el bolsillo, me dirigí a Berlín una vez terminado el proyecto en Breslavia. Tal vez fue demasiado optimista, ya que el alemán no es como el inglés, por mucho que «book» sea «Buch» y «good» sea «gut». En cualquier caso, después de seis meses dejé de pasar hambre, y en un año ya podía leer libros o ver películas de Anthony Hopkins doblado al alemán.

«Se puede aprender idiomas»

Proyecto cultural en Breslavia
Evento cultural en Breslavia

En cuanto a mi comienzo con la literatura, para contar la historia bien y desde el comienzo habría que remontarse unos 13 millones de años atrás, pero podría entender que no tengas estómago para ello ahora mismo, así que vayamos al evento incitador: un ordenador usado.

Todavía estrenando mis primeros granos de adolescencia, mi padre me permitió tener un ordenador en el cuarto con una condición: ejercitar media hora de mecanografía al día. Según él, escribir sobre un teclado a cierta velocidad sería una habilidad básica para el futuro. Uno de los ejercicios mecanográficos consistían en transcribir una página de una novela, aunque pronto me pareció monótono y pedí transcribir el torrente improvisado de mis pensamientos, siempre que estos ocuparan lo que una página de novela. Llegó el día en que terminé el adiestramiento mecanográfico, pero mi gusto por la escritura había llegado para quedarse.

Había descubierto el placer de entender el mundo de una forma activa a través de la escritura, creando contenido y organizando ideas en mi mente.

Una cosa de la que me dí cuenta en seguida, es que mis textos me parecían horribles cada vez que los dejaba reposar y los releía de nuevo. Sus formas y sus ideas solían avergonzar a mi yo del presente. Y como los humanos tenemos esto de la conciencia, mi yo del presente sumaba cuentas y se sonrojaba doblemente, augurando qué diría el yo del futuro. Ya que aquello había que solucionarlo, comencé a adquirir algunos manuales de escritura, y me esforcé en mejorar mis formas y mis ideas.

En 2017, finalmente, logré resolver el asunto y publiqué mi primer libro de relatos. Resultó gracioso: al final el truco no estaba tanto en los manuales de escritura, sino en, sencillamente, no avergonzarse.

Al fin y al cabo, he cambiado ya tantas veces de opiniones, que ya no me fio un pelo de ellas. Y tú tampoco deberías de hacerlo. Ve con cuidado con las cosas que leas por aquí.

«La locura es un estado de lucidez que muy pocos se atreven a alcanzar. Unas veces por el miedo al que dirán, otras por el miedo al qué diré.»

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